foro poético-literario
 
ÍndiceÍndice  CalendarioCalendario  FAQFAQ  BuscarBuscar  MiembrosMiembros  Grupos de UsuariosGrupos de Usuarios  RegistrarseRegistrarse  ConectarseConectarse  
Conectarse
Nombre de Usuario:
Contraseña:
Entrar automáticamente en cada visita: 
:: Recuperar mi contraseña
Últimos temas
» ARISTOTELES (El mejor final)
Vie Abr 22, 2011 3:41 am por tonizan

» Ausencia temporal
Miér Abr 20, 2011 12:35 pm por Hallie Hernández Alfaro

» Por la república
Jue Abr 14, 2011 8:47 pm por tonizan

» De la infinita guerra
Jue Abr 07, 2011 9:47 pm por Eledendo

» Alma Máter
Miér Mar 30, 2011 8:49 pm por Hallie Hernández Alfaro

» Irrupción del amor
Jue Mar 10, 2011 12:50 am por Eledendo

» Trabajos modernos
Jue Mar 10, 2011 12:48 am por Eledendo

» Oda íntima al dolor
Dom Ene 30, 2011 7:37 pm por Eledendo

» Del florecimiento
Dom Ene 23, 2011 10:27 pm por Eledendo

Navegación
 Portal
 Índice
 Miembros
 Perfil
 FAQ
 Buscar
¿Quién está en línea?
En total hay 1 usuario en línea: 0 Registrados, 0 Ocultos y 1 Invitado

Ninguno

La mayor cantidad de usuarios en línea fue 32 el Miér Dic 17, 2014 4:05 am.

Comparte | 
 

 Raymond Carver

Ir abajo 
AutorMensaje
Hallie Hernández Alfaro

avatar

Mensajes : 68
Fecha de inscripción : 25/08/2010

MensajeTema: Raymond Carver   Jue Sep 23, 2010 9:33 pm

Extraido de La Jornada semanal, sección ensayos, autor: Enrique López Aguilar.

Y obtuviste
lo que querías de esta vida?
Lo conseguí.
¿Y qué deseabas?
Considerarme amada,
sentirme amado sobre la tierra.

R. C.


Las vidas de hoy ya no se historian como en el siglo XIX: son minimalistas, salvo que se trate de figuras muy visibles o remunerables, como las de John Lennon y Marilyn Monroe. Tal vez sea por eso que algunas quepan en pocas palabras, mientras que otras caben en mil páginas.

Hagamos el esfuerzo del párrafo breve con Raymond Clevie Carver, Jr. , nacido el 25 de mayo de 1938 y muerto, por cáncer pulmonar, el 2 de agosto de 1988, a los cincuenta años de su edad. Carver nació en Clatskanie, Oregon, pero vivió los años decisivos de su infancia en Yakima, Washington, donde su padre –alcohólico– trabajaba en un aserradero. Su madre fue camarera y vendedora. Tuvo un hermano llamado James Franklin Carver, nacido en 1939. Años después, Raymond estudió con el escritor John Gardner, en el Chico State College, en California. Publicó muchísimos relatos en diversas revistas y periódicos, incluidos el New Yorker y Esquire: en ellos, Carver contó la vida de personas de las clases desfavorecidas de la sociedad estadunidense. Estuvo casado dos veces y su segunda esposa fue la poetisa Tess Gallagher. Antes de eso, también fue alcohólico: Carver se llegó a referir al hombre de esos años como “Raymond, el Malo” y, en esa época, un amigo suyo lo describió como “el hombre más triste que haya conocido nunca” ; luego se recuperó y permaneció sobrio los últimos diez años de su vida. Fue un gran amigo de Tobias Wolff y Richard Ford, compañeros suyos de la corriente minimalista. Algunos críticos lo consideran el “padre” del minimalismo literario estadunidense y, cuando murió en Port Angeles, Washington, Carver era considerado un respetable escritor, afamado y “de moda”. Gordon Lish lo editó como narrador y James Dickey, como poeta.

Aunque reunió ocho libros de poesía (All of us: the collected poems, A new path to the waterfall, Ultramarine, Where water comes together with other water, At night the salmon move, Winter insomnia, Near Klamath y So much water so close to home), Carver es recordado como prosista, mediante cuatro volúmenes de narrativa: ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor? (1976), De qué hablamos cuando hablamos de amor (1981), Catedral (1983) y Tres rosas amarillas (1988). En español circula, además, una especie de antología realizada por Tess Gallagher y prologada por Robert Altman, quien se basó en ella para realizar su célebre película Short cuts: vidas cruzadas (1993).

Según lo relata Gallagher en su libro Soul Barnacles (ten more years with Ray), que en español se tradujo como Carver y yo, cuando el escritor supo que iba a morir debido a un tumor cerebral y a la metástasis que éste produjo en sus pulmones, Raymond Carver decidió concluir sus dos últimos libros: un poemario y Desde donde llamo, último volumen de relatos –que recibió muy buena crítica. El año de su muerte fue nombrado miembro de la Academy American y el Institute of Arts and Letters; antes, ya había recibido el doctorado honoris causa en letras por la Universidad de Hartford y la Brandeis Medal for Excellence. Pocos días antes de su muerte, Carver le dijo a su esposa: “Nos estamos saliendo de esta historia, cariño.” Gallagher escribió en sus memorias: “Si sólo hubiera sido cuestión de voluntad, hoy estaría vivo.” Hacia mediados del verano y menos de tres meses después de haber cumplido cincuenta años, se apagó la vela minimalista de Raymond Carver.

CARVER, MINIMALISTA

Quien haya visto Vidas cruzadas del también difunto Robert Altman, sin haber leído los cuentos de Carver, no tendrá una buena idea de las cualidades narrativas del escritor, comenzando porque Altman creó un brillante collage donde entremezcla diversas narraciones breves y un poema carverianos: utilizando las mecánicas de la casualidad y la yuxtaposición, sobrepone y hace coincidir diversas vidas e historias que coexisten en el condado de Los Ángeles (espacio inusual en la narrativa de Carver), donde los veintidós personajes muestran sus luces, opacidades, miserias y pequeños logros durante un mismo plano cronológico y geográfico que concluye con un temblor. No disputo los méritos cinematográficos de Altman ni confundo los diferentes alcances de los lenguajes cinematográfico y literario, pero si Carver hubiera escrito algo como Vidas cruzadas, estaríamos hablando de un autor que habría sido novelista además de cuentista: si la película fuera una novela, faltarían la prosa ceñida, el relato conciso y la ambigüedad característica de los cuentos de Carver.

Cuando Raymond Carver comenzó a publicar la que sería su obra canónica en forma de libro alrededor de 1974 (aunque los cuentos recogidos en Will you please be quiet, please?, empezaron a ser publicados hemerográficamente desde 1963), sus tonos, temas y estilo ya parecían completamente maduros, a la manera de Palas Atenea: adulta y armada al nacer de la cabeza de Zeus. Pocos escritores han podido mostrar una obra literaria semejante, en la que no parecen existir “borradores” previos a la obra madura: Arthur Rimbaud, Juan Rulfo, Julio Cortázar… Esos borradores existen (ahí se percibirían equivocaciones y avances estilísticos): lo importante es haber ofrecido a los lectores una obra donde se prescindió del trabajo de aprendizaje. Si se considera que, desde las fechas indicadas hasta la de la muerte del autor, transcurrieron veinticinco años y que Carver murió a sus cincuenta, puede afirmarse que el cuentista estadunidense deambuló por una casi permanente madurez narrativa.

La eficacia de Carver radica no sólo en el buen uso que da a los recursos minimalistas que he mencionado antes, sino en la falta de énfasis con que propone una historia o un desenlace terribles, o la monotonía en la que viven sus personajes, lo cual exige agudeza del lector para percibir los signos que modifican un destino, o muestran en su dimensión más vertiginosa el miedo y la mediocridad en que ellos viven.

Hay tres cuentos notables que rompen con la tesitura mencionada, pues en ellos Carver despliega lo que más tradicionalmente se llamaría una “acción” con su respectiva “peripecia” (hablo de convenciones narrativas, pues no hay texto donde no se desarrolle una diégesis, parsimoniosa, o insignificante): “Parece una tontería”, “Diles a las mujeres que nos vamos” y “Tres rosas amarillas”. En el primero, un accidente automovilístico trastorna los planes de Ann y Howard, quienes encargan un pastel para celebrar el cumpleaños de Scotty, su hijo, con la consecuente zozobra hospitalaria. En el segundo, Bill y Jerry, dos amigos casados, inician un ligue en la carretera con dos ciclistas, Bárbara y Sharon: en las tres últimas líneas del cuento se plantea la peripecia que sorprenderá a Jerry y al lector. En el tercero, como un homenaje y, a la vez, como meditación especular, Carver narra los últimos días de la vida de Chéjov.

Tess Gallagher asentó en sus memorias: “Las cosas buenas les pasan a los hombres felices y yo tuve el privilegio de ver cómo Ray se convertía en un hombre feliz. Recuerdo a menudo lo contento que estaba por el mero hecho de sentirse vivo. Precisamente por eso, lamentaba tener que irse tan pronto.” Entre el pánico personal producido por la certeza de una muerte inaplazable y la solidez artística con que Carver sabía contar sus historias, el escritor se impuso a la persona: la manera objetiva y poco emocional con que el narrador cuenta el final físico de Chéjov así lo demuestra. Fiel a los preceptos minimalistas, la carga emotiva del cuento surge del conjunto de pequeños incidentes y situaciones que acompañan la muerte del escritor ruso, no de la deliberación melodramática del escritor estadunidense, a quien algunos críticos consideraron “el Chéjov americano”.

Se cumplieron­ veinte años de la muerte física de Raymond Carver, quien legó una obra insoslayable. Está junto a nosotros: hagámosle saber que no se ha ido, pues habla para todos.



Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Esteban Granado



Mensajes : 9
Fecha de inscripción : 15/09/2010

MensajeTema: Re: Raymond Carver   Dom Sep 26, 2010 10:34 am

He leído casi toda la narrativa de Carver, pero nada de su poesía. Me parece un autor de gran peso específico. Recuerdo el enorme impacto que me causó la lectura de su libro de relatos "Tres rosas amarillas", tan norteamericano, lo primero que leía de él. Había leído a Salinger y sus "Nueve cuentos", pero no conocía nada del dirty realism y Carver me abrió las puertas a otros autores, como Richard Ford (extraordinario su libro de relatos "Rock Springs", por cierto, muy en la línea de Carver), Tobías Wolff, el primer Paul Auster, o el gran Henry Roth y su majestuoso libro de memorias "A merced de una corriente salvaje".

La literatura norteamericana no tiene las referencias de la europea, carece de un Lazarillo de Tormes, de un Quevedo, su costumbrismo resulta moderno a nuestros ojos. En España tenemos una especie de refrán que dice que "donde hay confianza da asco", y es que solemos tomarnos demasiadas confianzas con la vida en general. Los estaounidenses tienen otro concepto de las relaciones familiares, que da mucho juego observado desde nuestro punto de vista. Porque lo que más llama la atención a un latino del realismo sucio es la casi absoluta falta de empatía del paisaje humano que describe, algo impensable por estas latitudes. No es que los españoles no podamos comportarnos como auténticos cabrones, ¡vaya si lo hacemos!, pero nuestras cabronadas vienen avaladas por una maldad de siglos, tienen, quizás, el refinamiento que las confiere la práctica secular.

Bueno, gracias por el artículo.

Un abrazo,

Esteban
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Hallie Hernández Alfaro

avatar

Mensajes : 68
Fecha de inscripción : 25/08/2010

MensajeTema:    Vie Oct 01, 2010 8:15 am

Querido Esteban, ante todo mil perdones por mi tardanza en agradecer tu aporte! Algo había leido de este autor -reseñas en narrativa también- y me llamó la mucho la atención el artículo. Poco a poco vamos reuniendo pedazos importantes de una vida significativa en las letras.

Abrazos y mucha felicidad,

Hallie
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Contenido patrocinado




MensajeTema: Re: Raymond Carver   

Volver arriba Ir abajo
 
Raymond Carver
Volver arriba 
Página 1 de 1.
 Temas similares
-
» Vidas cruzadas – Robert Altman
» De qué hablamos cuando hablamos de amor - Raymond Carver
» Raymond Carver, varias obras
» Bob Carver Black Magic 20 (VTA20S)
» Carver Sunfire Load Invariant Power Amplifier

Permisos de este foro:No puedes responder a temas en este foro.
Calamburia :: El Bar-
Cambiar a: